Gilera es una moto

Cada día lo observaba desde su primer curso de instituto. Él anunciaba siempre su llegada sentado en una Gilera con la que se movía a todas partes. Al año siguiente empezaría la universidad. Estaba ruidosamente seguro de sí mismo.

Ella nunca imaginó que aquella noche, en plena calle, rodeados de gente, luces y música, él se acercaría y le ofrecería una vuelta en la Gilera.
Tan lobo él y tan caperucita ella que la moto se estropeó entre las callejuelas del pueblo. Y ahí mismo la besó. Nunca había sido besada.
Fue tan intenso y tan largo que en su inexperiencia se quedó sin respiración y se desmayó.
Nunca más volvieron a hablar.