Vida platónica

Estaba locamente enamorado de las vidas de los demás. Las admiraba, las idealizaba y las deseaba. Todo lo que no tenía le parecía bello.

Espectador de otras vidas, las imaginaba a su medida, ajustadas y perfectas.

Siempre se sentía un paso por detrás, porque otros habían realizado lo que él deseó una vez y ¿ves? Había salido perfecto.

El único lugar en el que fluía era el mar, así que un día decidió quedarse allí, en esa dulce mecedora.